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Hace unos días atrás me quedé dormida mientras viajaba en subte. Durante el lapso de 3 minutos reviví, bajo la forma de sueños, recuerdos de mis días con Ian, mi hermano yogui en Mysore. Pero no reviví nuestras conversaciones profundas sobre la vida y el porvenir. No reviví las conversaciones sobre la muerte de un amigo, o sobre el aceptarse a uno mismo triste frente a la pérdida. Tampoco reviví con él nuestras charlas sobre mis objetivos personales o sobre mi decisión de dejar Mysore.

Los recuerdos que vinieron a mi mente fueron los instantes cotidianos. Ese momento en el que uno de los dos probaba el agua de coco mientras el otro esperaba la respuesta: “Está desabrido”, diría yo, con cara de desaprobación.

Los instantes que vinieron a mi mente no fueron los de los grandes logros, no fueron las largas conversaciones, ni tampoco los insights que vivimos juntos. Fueron los instantes cotidianos, las situaciones corrientes.

Y al despertar de mi sueño me encontré inundada de emociones suaves, llena de una alegría sencilla.

Sentada en el subte, entendí que los momentos cotidianos eran tan perfectos como los instantes trascendentes.

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2 Comments

  • Marisa
    octubre 3, 2016 Reply

    Hermoso post. De cada uno saco algo. De hecho, los leí todos y fui anotando cosas que me fueron gustando y las releo casi todas las noches. Gracias por compartirlas. Beso. Maru

    • Mariana
      octubre 4, 2016 Reply

      Maru, tus palabras me llegan al corazón. Compartir páginas de mi diario es una forma de entrega para mí, y leer esto me llena de alegría. Gracias.

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