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Se cree que la terapia de sonido con cuencos tibetanos afecta la memoria de tal forma, que quien se somete a ella puede tener recuerdos súbitos de las vidas pasadas. Los días que siguieron a mi sesión de sonido me trajeron ciertamente cientos de recuerdos de “mis vidas pasadas”. Recuerdos de diferentes épocas, separadas por puntos de inflexión que marcaron eras distintas en mi vida. Desde sueños hasta pasajes en algún libro; todo disparaba un botón que me hacía recordar hasta detalles mínimos de situaciones que había olvidado por completo, y que me hicieron ponderar todo otra vez.

Esta revisión del pasado me hizo ver cuán selectivo y fragmentado puede ser nuestro recuerdo. Porque la memoria es otra cosa. La memoria es el escriba impersonal del libro de nuestra vida, y registra todo por lo visto; hasta el detalle más ínfimo. Luego nosotros elegimos qué recordar y qué olvidar. A causa de esto, a veces somos demasiado duros con nosotros mismos, y a veces, demasiado duros con los demás.

Entendí también que sin importar lo mucho que alguien nos lastime, o lo enojados que podamos estar con alguien que nos hirió alguna vez, tenemos que poder perdonar en nuestro corazón porque es la única manera de no hacer daño cuando la vida vuelva a barajar. De lo contrario, por acción u omisión vamos a causarle dolor a otra persona, y ya existe demasiado dolor en el mundo como para sumarle nuestro aporte.

Incluso muchos años más tarde, el pasado puede seguir enseñándonos. Pero es preciso mirar para atrás de forma holística, partiendo del supuesto de que ningún hecho en nuestra vida es casual o aislado.

No puedo evitar creer en esto, dada mi experiencia.

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