Tiempo de Lectura: < 1 minuto

Fue larga la serie de acontecimientos afortunados que me llevaron a un retiro de meditación Vipassana en los valles de Katmandú. ¿Por qué dejar el paraíso de las playas de Varkala, dejar los amigos, que eran como mi familia en India, y dejar otra vez mi trabajo?

Porque sonó la hora. Y cuando uno escucha claramente que llegó el tiempo, se entrega y baila con la melodía que suena. Baila comprendiendo que nadie –o muy pocos– pueden escucharla. Y así como no es posible probar la existencia de una partitura invisible escrita para nosotros, tampoco es posible negar la naturaleza cambiante e impermanente de todo. Al menos eso está escrito en el reverso de todas las cosas.

Si las leyes de la naturaleza aplican para todos por igual, podríamos inferir que así como los primeros brotes anuncian la primavera que se aproxima, así también todas las situaciones de la vida deberían tener una señal que anuncia el cambio. Pero para identificar las señales del tiempo en la propia vida, se requiere una buena dosis de aceptación. El desapego no es apatía ni falta de amor; es el arte de reconocer y aceptar con ecuanimidad las distintas estaciones de la vida. Y esto es Vipassana.

Vipassana es el arte de desarrollar en uno una visión objetiva y una actitud ecuánime ante la vida. O para decirlo en las palabras del Maestro S. N. Goenka:

“¿Para qué molestarse en forrar el mundo entero en cuero? Mejor ponte zapatos y corre si quieres”.

Leave a Reply

Búsqueda por temas

Close Bitnami banner
Bitnami