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Sólo los más cercanos a mí saben que cursé todo mi instructorado de yoga con una gastroenteritis recurrente. Débil, cansada y comiendo solamente arroz, me paraba cada mañana arriba del mat en una sola pieza.

Lo entregaba todo, en cada práctica. Hoy miro hacia atrás y no sé bien cómo lo hice. Pero lo que sí sé, es que mi fuerza no era física. Era un tipo de voluntad que nacía del amor y del profundo compromiso que sentía.

Un día, sobre el final del instructorado, mi maestro se acercó y dijo que mi práctica era hermosa. Dijo que no se refería a la belleza externa de lo que puede ser agraciado, sino al espíritu que transmitía. Dijo, además, que mi práctica nacía del corazón.

Este sentir profundamente es parte constitutiva de mí. Me ha dado frutos muy dulces en la vida y me ha sostenido cuando no tenía siquiera fuerza física. Pero también ha echado a perder, con su intensidad, frutos que hubieran requerido más suavidad.

Por aquella época, me encontré con este pasaje:

«Está oscuro porque te esfuerzas demasiado. Con suavidad corazón, con suavidad. Tienes que aprender a hacer todo con suavidad. Sí, siente con suavidad aunque sientas profundamente. Deja que las cosas sucedan sin forzarlas, y sin forzarte aprende a lidiar con ellas»  (Aldous Huxley, La Isla)

Todavía medito sobre estas palabras.

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Enlaces relacionados: De Bazares y Locos

4 Comments

  • Alicia
    febrero 26, 2017 Reply

    Bellísimo mensaje!!!!

  • Stefania
    febrero 28, 2017 Reply

    Gracias por compartir 🙂

  • Fabian
    marzo 11, 2017 Reply

    Gracias.

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